
Hay que conservar la compostura. No se puede estar saltando de un pie al otro demostrando demasiada impaciencia. O quejarse usando términos poco delicados. O bufar... que feo.
Hay que seguir sonrientes, aunque el colectivo tarde en llegar.
Uno nunca sabe a quien puede conocer en esa fila. Quien nos está mirando...
Quizás esté el amor de nuestra vida...